Antes de la Bendición

En los caminos de Dios, no solo importan sus bendiciones, sino también el proceso que nos forma para alcanzarlas.

Hace días miraba mi muro de Facebook y veía post tras post haciendo referencia a Dios y a sus bendiciones. Me parecía curioso que un alto porcentaje de dichas publicaciones citaban versículos bíblicos alentadores. En algunos casos con ciertas explicaciones, augurando un futuro lleno de bendiciones para los seguidores de Cristo. Pero muy pocos de ellos hacían referencia al proceso que la mayoría de las personas pasan antes de que el plan de Dios se cumpla en nosotros.

Durante mi proceso de acercamiento a Dios a través de Cristo lo primero que supe después de tomar la decisión de bautizarme fue que el camino no sería de rosas. Cuando eliges a Cristo, no eliges el camino fácil, eliges el verdadero. Habrá ataques del enemigo, pero también pruebas que Dios usará para moldear tu fe y acercarte más a Él .Si ciertamente la gloria de Dios y su recompensa es real e inmutable, solamente hablar de la bendición sin hacer mención del proceso; crea una fe incompleta, especialmente en los nuevos creyentes.

Imagina que te ofrecen un trabajo donde te prometen tres meses de vacaciones al año y un salario digno de un CEO de una empresa reconocida. Te lo repiten tanto que se convierte en un bombardeo de promesas, y tus expectativas comienzan a elevarse como un avión en pleno vuelo.

Pero cuando empiezas, la realidad es distinta. Nadie te habló de lo exigente que sería el trabajo, de las largas horas extras necesarias para alcanzar los bonos, ni de que esas “vacaciones” están fragmentadas en pequeños periodos sin salario.

La decepción no nace porque la recompensa no exista, sino porque nunca te hablaron del proceso necesario para alcanzarla.

Así también ocurre en la fe: cuando solo se predican bendiciones y se omite el proceso, se construyen expectativas que no resisten la realidad. Y una fe que no ha sido formada para la prueba difícilmente se sostiene cuando llegan los momentos difíciles.

Es peligroso para los cristianos aspirar a la salvación o a las recompensas sin conocer todo lo que implica seguir a Cristo. Ya lo dijo nuestro Señor Jesucristo en Mateo 10:22: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

Y diversas son las historias en las Sagradas Escrituras sobre aquellos que pasaron por largos procesos antes de ser colocados en el lugar donde Dios quería que su obra se manifestara a través de ellos. Desde Abraham y David, hasta Jesús, quien pasó cuarenta días ayunando en el desierto, donde fue tentado por Satanás antes de iniciar su ministerio. Y más adelante, su camino incluyó el calvario en la cruz, antes de la gloria de su resurrección.

La obra del enemigo busca alejarnos de Dios y hacernos darle la espalda. Y aunque es peligroso vivir en pecado por no reconocer a Dios como Nuestro Creador y a Cristo como su Hijo, quien pagó en la cruz por nuestras transgresiones, es aún más grave haber caminado en los caminos del Señor, haber tenido conocimiento de Él, y luego volver atrás, tomando otro camino.

Así esta dicho en 1 Pedro 5:8 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”

El Señor nos pide confianza. Su recompensa es real, pero quizás no sea inmediata, quizás no sea lo que esperamos, ni donde queremos, ni con quienes queremos compartirla. El Padre nos conoce mejor que nadie; conoce nuestro corazón y también los corazones de quienes nos rodean. Él sabe lo que es bueno para nosotros.

Así lo dijo Jesús en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Por eso, la fe no es solo esperar promesas, sino confiar en el proceso. Es aprender a caminar incluso cuando el camino no se parece a lo que imaginábamos, con la certeza de que Aquel que prometió es fiel para cumplir.

Ir al sitio